lunes, 6 de marzo de 2017

MAEVA EDITA "PESADILLA", DE HANS FALLADA, EN EL 70 ANIVERSARIO DE SU MUERTE


RESEÑA DE IÑAKI URDANIBIA: LA "PESADILLA" DE HANS FALLADA

El pasado día 6 de febrero se cumplían setenta años de la muerte del escritor germano; coincidiendo con tal aniversario se publican algunas obras suyas



Rudolf Wilhem Friedrich Ditzen, que más tarde adoptaría el nombre por el que se le conoce en el mundo de las letras, nombre tomado de algunos personajes de los hermanos Grimm, era de esos seres a los que hay que dar de comer aparte, y ello en diferentes aspectos de la vida. Una existencia problemática debido a sus adicciones (alcohol y morfina) que le condujeron, entre otras cosas, a ser encarcelado por disparar contra su esposa, del mismo modo que fue condenado por algún que otro desfalco, motivado por su necesidad de comprar drogas; todo esto daba como resultado que su persona no fuese considerada ejemplar por los gobiernos de diferente signo: es decir, ni por la República de Weimar, ni por el III Reich. En lo que hace al campo de la literatura él siempre avanzó a su bola, generalmente contracorriente, conservando una absoluta singularidad: así, entre 1924 y 1933, mientras que en su país dominaba una moda intelectual conocida como “Nueva Objetividad “, que señalaba cierto horizonte ante la desorientación originada tras la guerra, y que ponía el acento en el elogio de la técnica y su absorta admiración a América , lo que dio como resultado la realización de numerosos reportajes industriales, reivindicándose de la imparcialidad y la objetividad , y del apoliticismo, postulados rechazados tanto por Siegfred Kracauer que venía a defender que la realidad, reflejada en tales documentales, eran pura construcción, como por Walter Benjamin que consideraba la corriente de la que hablo como una descarada « estrategia elusiva de las circunstancias políticas », lo que venía a suponer-siempre según Benjamin- que las pretendidas novelas-reportaje no servían más que para echar balones fuera, centrándose en distraer y divertir a los lectores, esta tendencia provocaba un vacío que propiciaba alguna corriente política que volviese a poner en valor precisamente los valores abandonados como nación, patria, pueblo…papel que asumió con energía el fascismo. ..Fallada como digo iba por su particular camino.

Pues bien, en este panorama Hans Fallada, sin seguir –como digo- esta senda dominante, publica sus primeros libros entre los que cabe destacar ¿ Y ahora qué hombrecito ? ( 1932), que narra el proceso de proletarización de un empleado en aquellos difíciles tiempos de profunda crisis económica, al reaccionar el protagonista, Johannes Pinneberg con miedo y desconcierto, hace que no logre solidaridad de ningún tipo, debiéndose, así, comerse el marrón él solito con el único apoyo del amor y su vida familiar; se privatizan así los problemas generales. La misma tendencia a mostrar su propia experiencia individual-en un registro casi transparentemente autobiográfico- se puede observar prácticamente en todas sus novelas, así en las posteriores El hombre que quería llegar lejos o En mi país desconocido. Diario de la cárcel, 1944, o El bebedor , en las que describe su agitada existencia , tanto en los tiempos de principios de siglo al llegar a Berlín, como en los de los años cuarenta. Ejemplos de sinceridad con la que narra su soledad, casi siempre con el escenario de Berlín. Hacía honor el escritor a la adopción de su seudónimo, en el que se hacía referencia a un asno que sigue diciendo la verdad hasta después de muerto. (http://www.2014.kaosenlared.net/territorios/53789-hans-fallada-un-escritor-recuperado )

Esta impronta ntemanete individual , casi transparente, es absolutamente explicable si en cuenta se tiene el aislamiento que el sujeto padecía con respecto a sus contemporáneos, sus dificultades en el trato, incrementadas por sus enormes ingestas de diferentes sustancias que le hacía estar volado las más de las veces, le reducían a las fronteras de su propio yo, lo cual no quita-dicho sea al pasar- que sus particulares padecimientos descritos, eran los suyos mas eran igualmente ampliables a cantidad de ciudadanos en aquellos oscuros años. Si lo que digo es así, también es verdad que en sus últimos años, sus escritos testimonian, o tratan de hacerlo, los hechos que sacudieron a su país, y por extensión al Viejo Continente en su totalidad; este ejercicio de llevar a cabo una recuperación / valoración de los tiempos recién pasados, de la “ hierbecita de los hechos” hablaba Ernst Bloch, puede verse, con todos los peros y particularidades que se quieran (nada que ver desde luego con el crudo verismo de los Hauser o Remarque), en las novelas últimas del escritor. Entre estas puede destacarse Solo en Berlín (basado en unos materiales que Fallada tomó de los archivos de la Gestapo), considerado por Primo Levi como « el libro más importante jamás escrito sobre la resistencia alemana», y el que ahora acaba de sacar a la luz la misma editorial, Maeva, que lleva cinco títulos publicados del autor y que anuncia la publicación, en breve, de una versión gráfica de su obra El bebedor. El libro al que me refiero es Pesadilla, del que el propio escritor comenta en su Prólogo que « el libro ha quedado, en lo esencial, como el informe de una enfermedad, la historia de esta apatía que acometió la mayor parte – y sobre todo la más decente -del pueblo alemán en abril del año 1945, apatía de la que muchos todavía no han conseguido liberarse en la actualidad » . 

La novela, póstuma, publicada en 1947, el mismo año del fallecimiento del escritor, siendo escrita a lo largo del año anterior (entre febrero y agosto, durante sus estancias en hospitales y psiquiátricos), y en ella, en una combinación marca de la casa, Fallada da cuerpo a una historia tomando pie en su experiencia personal: finalizada la guerra, en 1945, él asumió el puesto de alcalde de una pequeña ciudad, nombrado por el Ejército Rojo. 

La novela relata cómo tras el final de la segunda guerra mundial, los soviéticos en su avance hacia el oeste habían ocupado la pequeña ciudad de Prenzlau. Allá habitaban el doctor Doll y su familia. Inicialmente, se sienten liberados, al haberse librado de la bota parda del nacionalsocialismo, mas no tarda en adueñarse de ellos un hondo desasosiego provocado por los remordimientos de la culpa debido a las responsabilidades contraídas, por activa o por pasiva , en los tiempos pasados. La primera sensación de alivio se traduce en el caso del doctor Doll, al ser nombrado alcalde de la localidad, lo que le hizo pensar que iba a limpiar la ciudad, dirimiendo las responsabilidades de todos los implicados con el antiguo régimen, de la huella nazi . La práctica se le va antojando menos fácil de lo que suponía, ya que se mire por donde se mire , la presencia en puestos de responsabilidad de ex-nazis es apabullante, y así ante lo ímprobo, e irrealizable, de la tarea, cunde el desánimo y el doctor, con su familia, se marcha a Berlín, en donde el escenario no es que sea, tampoco, como para echar cohetes, lo que empuja a la esposa, Alma, y al propio doctor a calmar su creciente desasosiego con el recurso a la morfina. La ficción deudora de la realidad en un vivido retrato…como la vida misma.

Nadie se aburrirá con la lectura de esta novela, que se balancea entre medio verdad y medio ficción, que avanza saltarina como la realidad y como la propia mente del escritor, que a la sazón, por cierto, había recaído en su adicción a la morfina. Los cambios de opinión y de dirección de las historias, se muestran acordes con los estados de ánimo que se daban en el seno del pueblo alemán, y más en concreto en la mente desnortada de Fallada, que veía estas sensaciones disparadas hasta las cartolas por el uso de las cantidades de alcohol, además de la mentada morfina, que tragaba sin cesar….y la pesadilla personal que padecía el escritor, y su alter-ego Doll, se desliza a la generalidad del pueblo alemán que se veía acosado por la omnipresente y atosigante culpa , a la que trataban de hallar solución: unos agarrándose a la verdad del movimiento pasado, otros -los más probos y lúcidos- asumiendo sus responsabilidades y tratando de encontrar una salida que hiciese que reinase la paz entre las naciones, y que hasta en la propia Alemania se lograse respirar un aire realmente nuevo, libre del atosigante gregarismo vivido.

No es el mérito menor de la novela, cosa por otra parte habitual en la escritura falladiana, que la intensidad de lo narrado case a las mil maravillas con las situaciones visitadas y con una escritura cercana que hace que quien se acerque a su lectura se sienta tocado por la creciente asfixia de los protagonistas que no son seres de una pieza, sino que viven en medio de las ideas cambiantes, en medio de los titubeos y dudas, ante el escenario que se muestra ante sus ojos, que a veces parece invitar a la ilusión para en un breve lapsus devenir en profunda desilusión …en medio de las ruinas y de la propia ruina del protagonista que ve cómo su salud se quiebra a pasos agigantados debido a la insalubre morfina, como forma de huida hacia ficticias ensoñaciones que no hacen sino chocar frontalmente con la realidad de los hechos. Aspecto que, en honor a la verdad, y una vez más demostrando el amplio grado de sinceridad del autor , sirve a éste para auto-criticarse por su propio comportamiento. 

En lo que uno alcanza, y alcanza en todo lo que de Hans Fallada se ha publicado en castellano, es además de una suerte, digno de aplauso, que se esté recuperando la obra de este escritor, uno de los más destacables del panorama germano, que padeció las pesadillas de la sucursal del infierno que le tocó vivir, y que sufrió – en vida y tras el cese de ésta- la ausencia propia del limbo de las letras. 

Fuente: Kaos en la red